Una nueva perspectiva

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«Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos.Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí. Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?» (Génesis 42:25-28 )

Los hermanos de José querían salir de Egipto lo más pronto posible. Cuando pusieron los sacos de trigo sobre sus asnos, iniciaron inmediatamente su viaje de regreso a Canaán. Pero sucedió algo la primera noche que se detuvieron para descansar y dar de comer y beber a los animales. Cuando uno de los hermanos abrió un costal para alimentar a su asno, vio que el dinero que le había pagado al primer ministro de Egipto estaba puesto en su saco.

“¡No puedo creer esto!”, exclamó. “¡Miren! Mi dinero me ha sido devuelto. Está aquí en el costal.”

Los otros hermanos abrieron rápidamente sus sacos y descubrieron que también a ellos les había sido devuelto el dinero.

Sin embargo, en vez de sentirse contentos por esta sorpresa, se atemorizaron:
“Se les sobresaltó el corazón y temblando…” La palabra hebrea traducida como “temblando” es la misma palabra que se utiliza en 1 Samuel 14:15 para describir un gran terremoto. También se usa en Génesis 27:33 para referirse al temblor de Isaac cuando supo que su hijo Jacob le había robado la primogenitura a Esaú. En efecto, leemos que Isaac “se estremeció fuertemente.” Se sacudió, ¡literalmente! Eso fue lo que los hermanos de José comenzaron a hacer. Comenzaron a sacudirse. Comenzaron a temblar mientras se miraban unos a otros. Fue entonces cuando dijeron: “¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?”

Cuando Dios alivia una conciencia cauterizada, comenzamos a tener una perspectiva diferente. A veces nos convertimos en víctimas de la clase de trato que le hemos dado a alguien. Cuando recibimos el mismo daño, la misma herida o el mismo sufrimiento que le hemos causado a otra persona, algo comienza a cambiar dentro de nosotros. Dios comienza a penetrar nuestro duro caparazón y a ablandar nuestro corazón que se había endurecido.

Cuando Dios alivia una conciencia cauterizada, nuestra perspectiva es diferente.
—Charles R. Swindoll