Responsabilizarse

Peticiones--element50«Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto. Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre.Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra.Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron.Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido. Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías.Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país habéis venido. Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece. Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías.En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí.Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías. Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios.Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa.Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre.Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos.» (Génesis 42:1-24 )

Póngase usted en los zapatos de José. ¿Cómo debió sentirse cuando escuchó las palabras de ellos? ¡Para sus hermanos, él ya no existía! Estaba sepultado en el cementerio de sus recuerdos. Él había dejado de ser. Estaba fuera de su vista, fuera de sus pensamientos, se había ido para siempre.

Tres veces los acusó José de ser espías. Luego, en una de sus respuestas, ellos sin darse cuenta le dan la información que él quería tener. ¡Le dijeron que su padre y Benjamín estaban todavía vivos!

Podemos imaginar lo que bulló en la mente de José: “¿Estará Benjamín saludable y fuerte? ¿Y qué de mi padre? ¿Estará demasiado viejo para conservar la memoria? Oh, ¡cuánto deseo ver a toda mi familia! Qué tentado estoy de decirles quién soy, ¡se quedarán atónitos! Pero lo que realmente me intriga es saber la condición del corazón de mis hermanos.”

José eligió a Simeón como rehén y lo encadenó en presencia de sus hermanos. ¿Por qué escogió a Simeón? Podemos pensar que habría elegido al primogénito, pero ese era Rubén, quien había tratado de salvarle la vida junto al pozo cuando todos los demás se unieron contra él. Tal vez José recordó el intento de Rubén de intervenir en su favor, y por eso eligió al segundo hermano mayor, a Simeón, para que se quedara.

“Y se decían el uno al otro:

—Verdaderamente somos culpables con respecto a nuestro hermano, pues a pesar de ver la angustia de su alma cuando nos pedía compasión, no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desgracia” (Génesis 42:21).

¡En el idioma original, el “nosotros” de la conversación es enfático! [Nosotros] somos culpables… [Nosotros] [Vimos] la angustia de su alma… [Nosotros] no le escuchamos.»

El primer paso para aliviar una conciencia cauterizada, es responsabilizarse por la culpa personal. Los hermanos no culparon a su padre por haber sido pasivo. No culparon a su hermano José por haber sido orgulloso, arrogante o un privilegiado. No redujeron el mal que habían hecho diciendo que eran demasiado jóvenes para saber hacer lo bueno. Utilizaron el pronombre correcto cuando todos convinieron en eso: “¡Nosotros somos responsables! ¡Nosotros no podemos echarle la culpa a nadie más!»

Para aliviar una conciencia cauterizada, hay que responsabilizarse por la culpa.—Charles R. Swindoll