Deje el pánico . . . tenga confianza

the_cross_162«Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: !!Doblad la rodilla!;[a] y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.»(Génesis 41:41-46)

Esta es una excelente oportunidad para cambiar de escena por un momento y ver todo esto desde la perspectiva del hombre que está trabajando en el campo, moviendo piedras para uno de esos interminables y siempre presentes proyectos de construcción de pirámides. ÉI no sabe nada de lo que ha pasado en la cárcel y en el trono celestial. Lo único que sabe es que un joven advenedizo, un extranjero, se ha valido de maniobras para conseguir el favor del faraón. Y que este ha dicho:

“¡Doblen la rodilla ante este hombre!”

“¡Bueno, pues, miren eso!”, susurra el trabajador. “¿Quién se cree él que es? ¿A quién sobornó para tener todo esto? Debe tener unas muy buenas influencias. Así es como hoy en día se consiguen las cosas en el palacio.”

En una situación semejante, nosotros probablemente habríamos pensado de la misma manera. En los tiempos de la guerra de Vietnam, escuchaban a menudo la frase: “Nunca confíes en nadie que tenga más de 30 años.”

Pero lo que no podemos ver desde nuestra limitada perspectiva, es lo que Dios ha estado haciendo por dentro. El hombre que está trabajando en el campo no sabe —no tiene la más mínima idea— de lo que ha sucedido en la vida de José, ni tampoco está enterado de los años que pasó en la cárcel. Tampoco está al tanto de la fidelidad de José cuando no contaba con la ayuda de nadie.

José ha sido nombrado, escogido, seleccionado, preparado, refinado como el oro por el Todopoderoso. Por eso puede ahora tener puesto el anillo del faraón. Por eso tiene ahora la vestimenta, el collar y la carroza del faraón. Por eso es que otros están diciendo: “Doblen la rodilla.” No es José quien está diciendo eso; son otros.

Me pregunto lo que José estaría pensando en ese momento. Creo que se estaba diciendo a sí mismo, una y otra vez: “Alabado sea Dios.» Pienso que estaba contando todas las cosas que Dios le había enseñado en los pasados 30 años, cosas que Dios también quiere enseñarnos a nosotros.

Durante el período de espera, deje el pánico y tenga su confianza en Dios. Esté seguro de que Él tratará con los coperos de su vida, con la gente que se olvida de usted, con la gente que rompe sus promesas. La parte que le toca a Dios es ocuparse de los coperos de su pasado. La parte que le toca a usted es ser la clase de siervo que Él ha dispuesto que usted sea. Sea fiel durante los períodos de espera de la vida. Dios no se olvidará de usted ni le abandonará.

Durante el período de espera, deje el pánico y tenga su confianza en Dios.—Charles R. Swindoll