Gracia para soportar

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«Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores.» (Génesis 40:20 )

  «Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río; » ( Génesis 41:1 )

 

Cuando José vio al copero salir de la prisión, debió haber pensado: “¡Ahora es mi oportunidad! ¡El faraón le tiene confianza a este hombre! Él me sacará de aquí.” No sabemos si José supo lo que les sucedió a estos hombres, pero cuando se produjo la liberación de ellos dentro del tiempo anunciado, debió haber pensado que, con la ayuda de Dios, había dado la interpretación correcta de los sueños. Por tanto, esperaba con optimismo la oportunidad de lograr su libertad.

Sin embargo, en vez de ser recordado y recompensado, José fue olvidado durante dos años. Es fácil pasar por alto este pequeño hecho, enterrado en medio de toda esa secuencia de sueños e interpretaciones. Pero después de haber transcurrido dos años de la salida del copero, José seguía enterrado en esa cárcel. Notemos el énfasis: dos años completos. ¡Dos largos, monótonos y desdichados años!

¿En qué estuvo pensando José durante ese tiempo? La tendencia humana sería: “¿Es que me vas a tener esperando para siempre, Señor? ¡La verdad es que parece que te has olvidado de mí!” No, nada de eso. Este hombre extraordinario, víctima una y otra vez, seguía esperando, confiando y apoyándose en Dios.

Escuche esto, si usted es una víctima del maltrato: lo más importante es que oiga la verdad de Dios. Él tiene cien mensajes diferentes que dar durante cien experiencias diferentes en el encierro. Él sabe cuál es el mensaje adecuado en el momento adecuado, y lo único que se necesita es un corazón sensible, obediente y confiado. Un corazón que diga: “Señor, ayúdame ahora. Justo en este momento. Sácame de mi prisión. Ayúdame a ver más allá de la oscuridad, para ver tu mano. Moldéame de nuevo, ahora que estoy siendo molido. Ayúdame a verte en este abandono, en este rechazo.” Haga usted esa misma oración. Convierta su problema en confianza, esperando que Dios utilice tiernamente esa aflicción, esa cárcel, ese abandono, para su propósito.

Dios no le ha abandonado. Puede que esté callado, pero Él no se ha olvidado de usted. Él nunca se ha ido. Dios comprende el sufrimiento que produce el mal que Él permite misteriosamente, para que usted inicie un andar tierno y sensible con el Señor. Dios es bueno y Jesucristo es real, a pesar de sus circunstancias actuales. Mi oración es que Dios haga por usted lo que Él hizo por José.

Que Él le dé la gracia para soportar.

Dios puede que esté callado, pero Él no se ha olvidado de usted.—Charles R. Swindoll