Dios en acción

the_cross_162«Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores.E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa en mano de Faraón.Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había interpretado José.Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.» (Génesis 40:20-23 )

El sufrimiento, cuando es manejado adecuadamente, puede moldear una vida para la grandeza. La historia humana está llena de relatos sobre personas cuyas luchas y cicatrices fueron el cimiento de extraordinarios logros. En realidad, fue por sus dificultades que lograron lo que necesitaban para alcanzar la grandeza.

Durante largo tiempo de mi vida luché con ese concepto. Me parecía que era una filosofía cruel. ¿Por qué tenía uno que sufrir? ¿Qué quiere decir eso de que “hay bendiciones que sólo se logran por medio de las luchas”? Pero ahora lo entiendo. Estoy de acuerdo con A. W. Tozer, quien en su libro The Roof of the Righteous (El sostén del justo), dijo: “Es poco probable que Dios pueda bendecir grandemente a un hombre antes de haberlo herido profundamente.” Yo podría mencionar numerosos ejemplos, pero la verdad es que ninguna vida evidencia más claramente esta verdad, que la vida de José.

En su mayor parte, las experiencias de José habían sido tristes. Si bien es cierto fue un hijo privilegiado, su vida estuvo llena de frustraciones, maltratos y rechazo, y también de temores, falsas acusaciones, esclavitud y abandono. Terminamos el día anterior dejando a José en la cárcel. Ahora, después de un intervalo de dos años completos, retomamos de nuevo su historia.

Recordemos que, cuando lo dejamos, él le había dicho al copero dos años antes, “Ahora que te he dicho el significado de tu sueño, no te olvides de mí. Recuérdame cuando te vaya bien y seas favorecido. Ten la bondad de hablarle de mí al faraón, para que me saque de este lugar. No me olvides.” Pero el copero no se acordó de José ni lo mencionó. Sólo tres días después de que José le dijo esto, el hombre fue puesto en libertad y restaurado a su antiguo cargo de gran copero del faraón. Rápidamente se olvidó de todo lo que había vivido en la cárcel, como también de su compañero de celda, José.

Después de eso pasaron dos años completos, un tiempo largo de olvido. Es posible que nos preguntemos: “Después de todo lo que le había sucedido a José, ¿por qué tenía también que pasarle esto?” Él había sido obediente a Dios y favorecido anteriormente porque “el SEÑOR estaba con él.” La respuesta es que Dios seguía actuando en su vida. Y lo mismo vale para usted.

El sufrimiento puede moldear una vida para la grandeza.—Charles R. Swindoll