Una actitud positiva

 camino«Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión.Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado.Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, y le dijo: Yo soñaba que veía una vid delante de mí,y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas.Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo las uvas y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de Faraón.Y le dijo José: Esta es su interpretación: los tres sarmientos son tres días.Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá a tu puesto, y darás la copa a Faraón en su mano, como solías hacerlo cuando eras su copero.Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa.Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado para bien, dijo a José: También yo soñé que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza.En el canastillo más alto había de toda clase de manjares de pastelería para Faraón; y las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza.Entonces respondió José, y dijo: Esta es su interpretación: Los tres canastillos tres días son.Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de sobre ti.» (Génesis 40:4-19 )

Al leer esto sonrío, porque si alguien debía tener cara triste, ese sería José. Su situación era mucho peor que la de ellos. Estos estaban allí por un capricho del faraón, y seguramente no estarían allí para siempre. Pero José había sido acusado por la esposa del jefe de los verdugos, y no sabía si volvería a ver otra vez la luz del día. Pero, a pesar de sus propias circunstancias, José se dio cuenta de la situación de estos dos hombres.

Cuando nuestro corazón es recto, aunque nuestro mundo personal se nos haya venido abajo, es admirable lo sensibles que podemos ser con alguien que esté atravesando por algún problema. Esa persona no tiene que decirnos lo que le está sucediendo. En vez de decirles: “¡Ustedes creen que tienen mucho de qué quejarse! ¡Esperen que les cuente mis problemas!”, José les dijo: “¿Por qué están ustedes tan tristes hoy, muchachos? ¿Qué les sucede?” Reconozco que es obvio que esto no es algo que se pregunta en una cárcel, pero pone de manifiesto la capacidad de José de pensar más allá de sus problemas y necesidades inmediatas, para ministrar misericordia a los demás.

Una de las cosas hermosas en cuanto a la actitud correcta es que, con ella, cada día es un día de sol. Uno no tiene que tener días sin nubes para que sean días soleados. En realidad, es sorprendente que José quisiera tener que ver algo con los sueños. La última vez que lo hizo, ¿recuerda lo que sucedió? Les contó sus sueños a sus hermanos, y eso fue la “Operación hoyo”, y terminó en un mercado de esclavos de Egipto. Usted pensaría que él habría dicho: “¡Qué va, amigos! Yo no quiero saber más de sueños en toda mi vida.” Pero José no era un hombre así. Él dijo: “¿De veras? ¿Tuvieron un sueño? Cuéntenmelo.”

Eso es lo que hace una actitud positiva. Hace que olvidemos los problemas de cada día. Le preparará para la acción. Le librará de dificultades emocionales. Le mostrará oportunidades para ministrar en situaciones en las que jamás se habría involucrado.

Con una actitud correcta cada día es un día de sol.—Charles R. Swindoll