Las tentaciones de la prosperidad

24_versiculos_conhecidos_biblia» Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia. » (Génesis 37:36 )

«Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.» (Génesis 39:1-6 )

El Dios soberano de Israel estuvo íntimamente involucrado en la vida de José. Él le guió y le dio la facilidad de aprender el idioma de los egipcios. Además, le dio favor ante los ojos de Potifar. Es indudable que Dios era el secreto del éxito de José. La suerte no tuvo nada que ver con tal éxito.

José no tuvo que decirle a Potifar que el Señor estaba con él; Potifar podía verlo por sí mismo (39:3). Además, José no utilizó su espiritualidad como una herramienta de manipulación para obtener prebendas de su jefe. Simplemente, porque el Señor hacía prosperar a José en todo lo que emprendía, este halló favor ante los ojos de Potifar. Observe que no dice que José le pedía favores a Potifar sino que halló gracia ante Potifar.

El mucho éxito está acompañando de mucha confianza, lo cual, a propósito, lleva a muchos momentos de confiada vulnerabilidad. En cuanto a esto último, F. B. Meyer escribe acertadamente:

Podemos esperar tentaciones en los días de prosperidad y bienestar, antes que en los de privaciones y trabajo duro. No en las heladas laderas de los Alpes, sino en las soleadas llanuras de la Campagna; no cuando la juventud está ascendiendo arduamente la empinada escalera de la fama, sino cuando ha llegado el bienestar de los años maduros; no cuando los hombres arrugan la frente, sino cuando sonríen exquisitamente ante el halago; ¡es allí, es allí que la tentadora acecha¡ ¡Mucho cuidado!

¡Qué exhortación tan sabia! Esta advertencia no preocupa a la persona vencida y arruinada. Su mensaje está dirigido al triunfador; al ejecutivo con mucho futuro; al hombre o a la mujer que está en camino a la cima; a la persona que está experimentando los beneficios y el favor de Dios, que está cosechando los favores de una privacidad y una confianza cada vez mayores. El ensayista escocés Thomas Carlyle estaba en lo cierto cuando dijo: “La adversidad es a veces difícil de soportar por un hombre, pero por un hombre que puede soportar la prosperidad hay cien que soportarán la adversidad.” Las tentaciones que acompañan a la prosperidad son mucho mayores (y mucho más sutiles) que las que acompañan a la adversidad.

Podemos esperar tentaciones en los días de prosperidad y bienestar.—Charles R. Swindoll

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