Fe que persiste

60634_N_02-07-13-0-10-43 «Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.»  (Santiago 1:4)

Somos muy volubles en nuestra fe, ¿verdad? Somos inconsistentes, ambivalentes. Cantamos «Mi Fe Espera en Ti» . . . hasta que la medicina deja de funcionar, hasta que las luces se apagan, hasta que las deudas se vencen y no tenemos con qué pagarlas. Hasta que nuestras calificaciones bajan, o nuestra carrera sufre un revés o perdemos un conyugue. . . .

¿Cómo aprendemos fe consistente? La aprendemos un día a la vez. La aprendemos mediante perseverancia. Santiago escribe: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia» (Santiago 1:2-3). Él no está hablando de una fe quimérica que arranca en una carrera de velocidad de 100 metros y, más rápido de lo que uno piensa, se acaba. Cualquiera puede manejar ese tipo de fe. Cualquiera puede tomar una prueba de diez, quince o veinte minutos. ¿Pero de diez o quince días, o un año, o dos, o tres? Pues bien, eso ya es otro cantar. Esa es la fe que persiste de la que Santiago está hablando.

Aprendemos fe consistente un día a la vez y mediante la perseverancia.—Charles R. Swindoll