El conocimiento espiritual de Cristo

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Todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.       

  (Filipenses 3:8)

 
El conocimiento espiritual de Cristo es un conocimiento personal. No puedo conocer a Jesús por medio de la relación que otra persona tenga con él. No, debo conocerle por mí mismo, por mi propia cuenta. 
Es también un conocimiento inteligente. Debo conocerlo a él y no a la visión que tengo de él, sino tal y como la Palabra lo revela. Debo conocerlo en sus dos naturalezas: divina y humana. Debo conocerlo en su posición de autoridad, sus atributos, sus obras, su humillación y su gloria. Debo meditar en él hasta que ¨puedan comprender junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios ¨ (Efesios 3:18-19)
Nuestro conocimiento de él será un conocimiento afectuoso, porque si lo conozco plenamente, lo amo. Y una pizca de conocimiento del corazón bien vale una tonelada de conocimiento mental.
Será un conocimiento que satisface. Cuando conozca al Salvador, mi mente rebosará y sentiré que tengo lo que mi espíritu siempre ansió conocer. Él es ¨el pan de vida¨y el que coma de ese pan ¨nunca pasará hambre¨(Juan 6:35).
El conocimiento espiritual de Cristo es un conocimiento emocionante, porque cuanto más conozco a mi Amado, más anhelo conocerlo. El conocimiento que obtengo al ascender a las cimas será una invitación a seguir adelante. Mientras más aprendo de él, más deseo aprender. Cual avaro con su tesoro, mi oro espiritual me hará anhelar más y más.
En conclusión, este conocimiento de Jesucristo será el conocimiento más bendito que yo pueda imaginar. Es más, será tan inspirador que con frecuencia me llevará por encima de todas las pruebas, las dudas y las tristezas. Y mientras disfruto del conocimiento, este obrará en mi para hacerme más que un ¨hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores¨(Job 14:1) porque me vestirá en la inmortalidad del Salvador que vive por siempre y que me rodea en su gozo eterno.

Ven, alma mía, siéntate a los pies de Jesús y aprende acerca de él a través del día.

 

 

Charles Spurgeon