La Justificación

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Todo el que cree es justificado. (Hechos 13:39 )

El creyente en Cristo recibe inmediata justificación. La fe no produce este fruto gradualmente, a través del tiempo, sino que lo produce ahora. Como la justificación es el resultado de la fe, se le da al alma en el mismo momento en que acepta a Cristo como ¨todo en todos¨ (1 Corintios 15:28)
y es también en ese mismo momento que Cristo la salva. ¿Son justificados aquellos que están ante el trono de Dios? Por supuesto, ¡pero también nosotros! Estamos tan verdadera y claramente justificados como los que están vestidos de ropas blancas, como aquellos que incluso ahora entonan alabanzas melodiosas con la música de las arpas celestiales. El ladrón de la cruz fue justificado en el mismo instante en que volvió sus ojos de fe hacia Jesús; el anciano apóstol Pablo, luego de muchos años de servicio, no fue más justificado que el ladrón que ni siquiera tuvo la oportunidad de servir.
Hoy somos ¨aceptos en el Amado¨ (Efesios 1:6, RVR 1960) y eximidos del pecado. Hoy hemos sido absueltos  ante el tribunal de Dios. ¡Qué pensamiento tan movilizador para el alma! Si, hay algunos racimos de uvas de Escol que no recogeremos hasta que no estemos en el cielo, porque ese racimo pende de las paredes del cielo (Josué 5:11) que no los podremos recoger hasta que crucemos el Jordán. No es ¨el maná en el desierto ¨sino que ¨es el pan que baja del cielo¨ (Juan 6:49-50) es parte de nuestro alimento diario que Dios nos provee para nuestras actividades cotidianas.
Ya, desde este mismo momento, él nos perdona. Ya nos quita nuestros pecados; ya somos aceptados a los ojos de Dios como si nunca hubiéramos sido culpables. ¨Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús¨ (Romanos 8:1) . Ni un solo pecado permanece en el Libro de Dios, incluso en este mismo instante, contra ningún integrante de su pueblo. ¿Quién puede atreverse a presentar siquiera un cargo contra ellos? No hay ¨mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección¨(Efesios 5:27) en ningún creyente en lo que se refiere a su justificación a los ojos del que juzga toda la tierra.
Que nuestro privilegio presente nos despierte a nuestra obligación presente, y lo haga ahora. Mientras estemos en este mundo, que podamos dedicar nuestra vida a nuestro dulce Señor Jesús.

Charles Spurgeon