¡Señor mio y Dios mio!

Peticiones--element50

Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. (2 Corintios 6:16)

¡Qué nombre tan maravilloso: ¨mi pueblo¨! ¡Qué revelación para elevar el espíritu: ¨su Dios¨! Hay muchísimo significado, algo sumamente especial, expresado en esas dos palabras: ¨mi pueblo¨.
¨Al Señor tu Dios le pertenecen los cielos y lo más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella¨ (Deuteronomio 10:14) y él reina entre ¨los hijos de los hombres¨(Salmo 21:10 RVR1960).
Sin embargo, solo sus escogidos que han sido comprados por él mismo (y nadie más que ellos) son llamados ¨mi pueblo¨. Estas palabras dan idea de propiedad y de una relación especial. ¨Porque la porción del Señor es su pueblo; Jacob es su herencia asignada¨(Deuteronomio 32:9).
Todas las naciones de la tierra son suyas y la totalidad del mundo está bajo su control, pero ellos son su pueblo, sus escogidos. Y más que eso, son su posesión dado que él ha hecho por ellos más que por cualquier otro, puesto que los ha ¨adquirido con su propia sangre¨ (Hechos 20:28). Los compró para sí y concentró la totalidad de su afecto en ellos porque los amó ¨con amor eterno¨(Jeremias 31:3), un amor que ¨ni las muchas aguas pueden apagarlo¨ (Cantares8:7), y un amor que el paso del tiempo jamás hará menguar en lo más mínimo.
Querido amigo, ¿puedes tú, por la fe, verte entre ellos? ¿Puedes mirar al cielo y decir: ¨¡Señor mío y Dios mío! (Juan 20:28). Mío por la relación íntima que me capacita para llamarte Padre Mío por la santa comunión que tengo contigo para mi deleite, cuando tú te dignas a revelarte ante mi, algo que nunca haces a los del mundo?.
¿Puedes leer su Palabra inspirada y hallar el certificado de tu salvación? ¿Eres capaz de leer tu nombre escrito en su preciosa sangre? ¿Puedes, con humildad y por fe tomarte del manto de Jesús y decir: ¨Mi Cristo¨?
Si puedes hacerlo, entonces Dios te llama a ti y a otros como tú: ´mi pueblo¨; porque si Dios es tu Dios y Cristo es tu Cristo, El Señor tiene una afinidad especial y particular hacia ti. Eres el objeto de su elección y has sido ¨acepto¨ en el Amado (Efesios 1:6, RVR 1960).

Charles Spurgeon