Sus promesas se cumplen siempre

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Acuérdate de la palabra que diste a este siervo tuyo, palabra con la que me infundiste esperanza.(Salmo 119:49)

Cualquiera sea tu necesidad especial, enseguida podrás hallar en la Biblia una promesa que la supla. ¿Te sientes débil y cansado porque tu camino es difícil? Aquí tienes una promesa: ¨Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil¨ (Isaías 40:29).
Entonces, cuando lees esta promesa, llévasela al que la hizo y pídele que cumpla su palabra.
¿Andas buscando a Cristo, sediento de tener una comunión más íntima con él? Pues esta promesa brillará como una estrella sobre ti: ¨Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados¨(Mateo 5:6). LLeva continuamente esa promesa ante el trono y no pidas otra cosa. Tan solo preséntate ante Dios con esto: ¨´Y ahora, SEÑOR Y DIOS, reafirma para siempre la promesa que les has hecho a tu siervo y a su dinastía. Cumple tu palabra¨(2 Samuel 7:25).
¿Te encuentras agobiado por el pecado en tu vida y por la pesada carga de tus iniquidades? Entonces, presta atención a estas palabras: Ýo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados¨ (Isaías 43:25). Como no hay ningún mérito personal por el que puedas rogar su perdón, reclama sus pactos escritos y él los cumplirá.
¿Temes que no seas capaz de soportar el fin habiendo creído ser un hijo de Dios? ¿Te austa que aunque eres un hijo de Dios, al final te veas marginado? Si esto es lo que te atemoriza, entonces toma esta palabra de gracia y preséntala en un ruego ante su trono: Äunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz.´(Isaías 54:10)
Si has perdido la dulcer sensación de la presencia del Salvador y lo estás buscando con un corazón afligido, recuerda estas promesas:´Vuélvanse a mí y yo me volveré a ustedes¨(Malaquías 3:7) y ¨Te abandoné por un instante, pero con profunda compasión volveré a unirme contigo¨.Isaías 54:7).
No importa cuáles sean tus temores o tus anhelos, permite que tu fe se deleite en las palabras de Dios. Luego regresa al banco de la fe con un cheque firmado por la mano de tu Padre y dile: ¨Acuérdate de la palabra que diste a este siervo tuyo, palabra con la que me infundiste esperanza¨.

Charles Spurgeon