El Señor nos Promete

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«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;»(Hebreos 13:5)

Ninguna de las promesas de Dios son privadas, como si alcanzaran a una sola persona, porque lo que Dios le dice a uno de sus santos, se lo dice a todos. Cuando él albre un pozo de agua para un cristiano es para que todos beban de él.
Y cuando abre la puerta del granero para distribuir alimento, un hombre hambriento podrá ser el motivo inicial, pero si lugar a dudas, todos los santos hambrientos pueden acercarse y comer.
Oh, creyente, que la promesa fuera originalmente hecha a Abraham o a Moisés, no establece diferencia alguna porque te la dio a ti como heredero de su pacto. No hay bendiciones elevadas de Dios que estén  tan altas que tú no puedas alcanzarlas, ni una vasta misericordia que sea demasiado ancha como para ti. Sube hasta la cumbre del Pisgá y mira al norte, al sur, al este y al oeste. Contempla la tierra con tus propios ojos. (Deuteronomio 3:27). Contempla toda la extensión de la divina promesa de Dios, porque toda la tierra que ves es tuya, ¡te pertenece!. No hay un solo arroyo de agua viva del que no puedas beber. Si es una tierra donde abundan la leche y la miel.(Exodo 3:8), entonces come de la miel y bebe la leche, porque ambas te pertenecen.
Sé audaz y cree porque Dios ha dicho: ¨Nunca te dejaré; jamás te abandonaré¨Por medio de esta promesa el Señor le da todo a su pueblo. ¨Nunca te dejaré¨ Gracias a esta promesa ningún atributo de Dios se dejará de usar a nuestro favor. ¿Es él poderoso? Entonces va a mostrar su poder a favor de los que tienen un corazón perfecto para con él (2 Crónicas 16:9) ¿Es él amor? Entonces, te coronará cubriéndote de amor y compasión (Salmo 103:4) .Todo atributo que describa el carácter de Dios se usa plenamente a nuestro favor.
Para resumir por completo esta verdad, no hay nada que puedas desear, que puedas pedir, nada que puedas necesitar en este tiempo o en la eternidad, nada vivo o muerto, nada en este mundo o el siguiente, nada ahora ni nada en la mañana de la resurrección ni en el cielo que no esté incluido en este versículo: Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.

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