¡Abba Padre!

cristianos

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y Vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6:26 )

El pueblo de Dios son sus hijos por partida doble: son de la familia por creaciòn y son sus hijos por la adopciòn en Cristo. Por lo tanto, tienen el privilegio de dirigirse a Dios diciendo:Padre nuestro que estas en el cielo (Mateo 6:9) Padre, ¡Què palabra tan preciosa!.

La misma palabra tiene autoridad. Sin embargo, ¨si yo soy tu Padre; ¿dònde està mi honor? si ustedes son mis hijos, ¿Dònde està su obediencia? El tèrmino Padre mezcla afecto con autoridad, una autoridad que no evoca rebeliòn sino una autoridad que exige una obediencia que se manifiesta alegremente y no se retendrà aunque fuera posible. La obediencia que los hijos de Dios deben rendirle debe ser una obediencia en amor.
No encares el servicio al Señor como un esclavo que simplemente hace la tarea encomendada, sino sigue el sendero de sus mandamientos porque es el camino de tu Padre. ¨presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia¨(Romanos 6:13) porque la justicia es la voluntad de tu Padre y su voluntad serà tambièn la voluntad de sus hijos.
¡Padre! La palabra denota un atributo digno de un rey. Sin embargo està tan dulcemente velada por el amor que la corona del Rey pasa al olvido al contemplar su rostro, y su cetro no es una barra de hierro sino de plata, es un cetro de misericordia. Es màs, este cetro parece estar como olvidado en la tierna mano del que lo sostiene.
¡Padre! En este tèrmino encontramos honor y amor. ¡Cuàn grande es el amor de un padre por sus hijos! Ni la palabra amistad, ni el tèrmino bondad podrìan aproximarse a expresar lo que el corazòn y las manos de un padre pueden hacer por su hijo. Son su propia simiente (èl debe bendecirlos); son sus hijos (èl debe manifestar su fuerza al defenderlos). Si un padre terrenal cuida a sus hijos con un amor y atenciòn incesantes, ¿cuànto màs lo demuestra nuestro Padre celestial?
¨¡Abba! ¡Padre!  (Romanos 8:15) Cualquiera que haya musitado tales palabras habrà expresado la mùsica màs dulce que los querubines y serafines podrìan haber cantado. El cielo se halla en la profundidad de aquella palabra: ¡Padre! Esta encierra todo lo que yo podrìa pedir lo que mis necesidades podrian solicitar y todo lo que mi corazòn podrìa anhelar.
Tengo el todo de todo, por toda la eternidad, cuando puedo decir: ¨Padre¨.

Charles Spurgeon