Encontrando seguridad en Dios

image_mini descontentamento trabalhoProverbios 15  “El corazón entendido busca la sabiduría;Mas la boca de los necios se alimenta de necedades.” (15:14)

Proverbios 17  El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos.” (17:22)

 

Hay muchas personas que sufren la enfermedad más contagiosa que existe. A esa enfermedad yo la llamo el síndrome de “si solo pudiese”. Los gérmenes del descontento pueden infectar a una sola persona y luego esparcirse a toda una comunidad afectando cada aspecto de la vida: fiasco, mental, emocional y espiritual. La siguiente es una lista de algunas declaraciones hechas por aquellos que se encuentran atrapados en el síndrome del “sí solo pudiese”:

Si solo pudiese tener más dinero…
Si solo pudiese tener mejores notas…
Si solo pudiese tener una casa más bonita…
Si no hubiese hecho esa mala inversión…
Si no tuviese este mal historial…
Si solo se hubiera quedado conmigo…
Si nuestro pastor fuese mejor predicador…
Si mi hijo pudiese caminar…
Si tuviésemos hijos…
Si el negocio hubiese salido bien…
Si mi esposo no hubiese muerto…
Si hubiese rechazado las drogas…
Si me hubiese dado una oportunidad…
Si no hubiese tenido ese accidente…
Si pudiésemos salir de las deudas…
Si él me invitara a una cita…
Si la gente me aceptara como soy…
Si mis padres no se hubiesen divorciado…
Si tuviese más amigos…

La lista podría seguir por muchas páginas más, ¿no es cierto? Entretejido entre todas esas quejas se encuentra el afán diario del descontento. Cuando se lo lleva a su conclusión lógica, el síndrome del “sí solo pudiese” resulta en conmiseración, una de las actitudes más desagradables y repulsivas.

El descontento es uno de esos afanes diarios que obligan a los demás a escuchar nuestros lamentos. Un alma descontenta pronto se puede convertir en un alma solitaria y aislada.

Tal como lo dijo un sabio: “Por lo general, encontrara lo que anda buscando”. La pregunta entonces es ¿qué es lo que está buscando? ¿Razones para celebrar la bondad de Dios o razones para quejarse diciendo: “¡Ay de mí!?

Reflexión
No es difícil encontrar lo malo en todo. Pero, ¿con qué frecuencia decide buscar cosas positivas y buenas en sus experiencias diarias? Durante los próximos días, hágase esta pregunta: “¿Cómo puede Dios usar esto para bien?”. Luego de hacerla, espere la respuesta viendo cómo se desarrollan los eventos.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios . Con permiso de la Editorial Mundo Hispano por Charles R. Swindoll.